sábado 1 de noviembre de 2008

Tema del viaje

En el ámbito de la tradición literaria, uno de los temas que adquiere una significativa relevancia es el viaje, indudablemente porque representa, de un modo u otro, la existencia humana misma. Adquiere, por lo tanto, el estatus de un símbolo o metáfora de la vida humana con variables que permiten establecer sus diversos sentidos en el plano de la interpretación de una cantidad importante de obras, reconocidas como clásicas y parte del bagaje cultural de una persona en nuestra sociedad. En ellas el viaje constituye el concepto que estructura todos sus elementos, como ocurre en La Odisea, La Divina Comedia, El Quijote, Los viajes de Gulliver, La montaña mágica, algunos cuentos de hadas, etcétera. El dominio de los sentidos que adquiere el viaje, por lo tanto, en la tradición literaria, como muchos otros temas, resulta fundamental para orientar a los estudiantes hacia una comprensión apropiada de tales obras y obtener aquellos aprendizajes que les permitan dar sentido a variados aspectos de la vida humana, tanto propia como de otros.
Si se considera la vida común y corriente de los seres humanos, el viaje constituye una actividad cotidiana, habitual, con un propósito definido (realizar un trabajo que permite la subsistencia, un trámite en alguna oficina, visitar a alguien, ir de compras o a divertirse, etc.)
No exenta de posibilidades insospechadas que muchas veces rompen nuestros esquemas rutinarios de vida. Un viaje en el metro, en un bus de una ciudad a otra, en una embarcación para ir de un puerto a otro, tiene un sentido predeterminado, pero que muchas veces adquiere rumbos impensados que definen nuestra vida hacia horizontes fuera de nuestros cálculos. Podemos afirmar que nuestra condición de transhumantes se proyecta permanentemente en nuestras formas de vida y la literatura, como representación de ellas, no hace más que dar al viaje aquellos sentidos prioritarios que preocupan a los seres humanos.
En todas las literaturas el viaje simboliza una aventura y una búsqueda, se trate de un tesoro, o de un simple conocimiento, concreto o espiritual. En último término, tiene un sentido en cuanto significa la búsqueda de la verdad, de la paz, del descubrimiento de un centro y, en definitiva, del encuentro del sentido de la propia existencia; por esta razón, el viaje, en realidad, se efectúa en el propio interior del ser, y expresa un profundo deseo de cambio interior, una necesidad de experiencias nuevas y que, según Jung, es testimonio de una insatisfacción que impulsa al ser humano hacia la búsqueda y el descubrimiento de nuevos horizontes. De este modo, el viaje aparece, y la vida misma lo es, como un destino insalvable, inevitable: el hombre necesita buscar y conocer. Esta necesidad se convierte en una demanda, para lo cual tiene que huir de sí mismo y de su propia realidad, para enfrentarse a una realidad nueva que le permitirá volver sobre sí mismo y darle un sentido nuevo a su existencia. En términos generales, en el ámbito de la tradición literaria, distinguimos algunas formas arquetípicas del modo como se ha representado el tema del viaje. De algún modo, todas sus variables se inscriben en alguna de las siguientes formas: el viaje a los infiernos, el viaje interior y el viaje por diversos espacios terrestres y sociales.
El viaje como tema literarioEl viaje como tema literario: su recurrencia en la tradición literaria y su significación como representación de la vida humana. Diversas formas del viaje en la tradición literaria:- viaje a los infiernos;- viaje interior;
- viaje por diversos espacios terrestres o extraterrestres. Sentidos del viaje:- búsqueda de la verdad, de la felicidad, de la inmortalidad; -descubrimiento de un centro espiritual: el viaje interior;
- la peregrinación y la búsqueda de la tierra prometida;
- rito de iniciación: el viaje mítico, su sentido y sus etapas;
- visión y crítica social: la moral en la vida humana.
El tema del viaje en las obras literarias como forma de estructuración de argumentaciones que proponen o contradicen diversas visiones de la vida humana. Contextos históricos, sociales y culturales, como fundamentos de la producción y recepción de tales obras. Formas genéricas; tendencias artístico-literarias; estilo y lenguaje.

miércoles 23 de julio de 2008

Antigüedad clásica

· La antigüedad clásica es una época marcada por un estilo literario que abarca desde los siglos VIII ac. – V dc. y que se creó por el desarrollo cultural de los griegos y romanos.

· Los escritores basaban sus relatos en mitos y leyendas es decir hablaban de casos sobrenaturales, sobre dioses, batallas, héroes, caballeros, entre otras cosas.

· En aquella época existía una cultura politeísta debido a que se veneraban a varios dioses.

A. LITERATURA GRIEGA

La literatura griega está toda ella, en principio, vinculada a las leyendas protohistóricas y a la mitología. De este tesoro legendario y mitológico sacan los griegos temas variadísimos. Esta mezcla entre los humanos y las divinidades se presta a una riquísima temática.

1. La Epopeya Griega

Homero

Homero siempre fue presentado como poeta ciego y viviendo tal vez en el siglo IX, casi contemporáneo a los hechos que canta. Los clásicos nos lo presentaron como el autor de los dos poemas. Pero en el siglo XIX se discutió tal tradición, pensando que era un recopilador rapsodias o cantos a los que dio unidad. Hoy se sigue admitiendo su personalidad como creadora única de ambos poemas y de los 24 cantos o rapsodias que tiene cada uno de ellos. Además, le atribuyen un tercer poema de tipo heroico cómico, que trata de la guerra entre ranas y ratones llamado Batracomiomaquia.

Homero fue una figura de extraordinaria potencialidad creadora de situaciones y alcanzó maravillosos aciertos en sus poemas. Sus descripciones sorprenden por los detalles de observación, por su brevedad y exactitud. En las escenas de guerra llega a una verosimilitud a veces atroz.

Los personajes creados por el poeta son figuras que pasan a la posteridad con rasgos de arquetipos:

· Aquiles, como guerrero valeroso, bello, fuerte; arrebatado a veces por una ira irresistible, humano y sensible, otras veces.

· Héctor, el antagonista troyano, lleno de valentía también; pero más cauto, más reportado en sus actuaciones, más sentimental, más tiernamente familiar.

· Ulises, el astuto, el prototipo del cálculo medido, el ingenioso creador de iniciativas eficaces, el que lo sacrifica todo ante el éxito de sus planes.

· Helena, cuya belleza trajo tantas lágrimas al pueblo griego.

· Penélope, arquetipo de la fidelidad conyugal, siempre tejiendo y destejiendo.

· Eumeo, el porquero de Ítaca, calificación máxima de la fidelidad del siervo. Su fuerza descriptiva adquiere valores de documento de la época troyana.

La Ilíada

Es un largo poema que viene a simbolizar el esfuerzo de los griegos por extenderse en Asia, buscando factorías comerciales y expansión para sus gentes activas que vivían en un país pobre.

El poema esta en 15.693 versos; tiene 24 cantos. Canta las hazañas de los aqueos atacando a Ilion (Troya) durante diez años. Los dioses y semidioses, como Aquiles, intervienen en los vaivenes de la larga estancia ante los muros de Troya.

Como Homero escribe para quienes conocen la tradición de esta guerra, reduce sus episodios a los momentos más dramáticos, consiguiendo dar más emoción a sus cantos.

La causa poética de la guerra de Troya fue que Príamo, rey de Troya, tenía un hijo llamado Paris, el cual, abusando de la hospitalidad que recibió en el palacio del rey de Esparta, Menelao, raptó a su esposa Helena. Los griegos consideraron este tipo de rapto como una ofensa nacional y juntaron las fuerzas de los pequeños reinos, se embarcaron hacia las costas de Asia Menor y pusieron cerco a la ciudad de Troya.

Sin embargo, en este poema no se narra toda la guerra de Troya, sino solo un episodio de su segundo año. Hay una violenta querella entre Agamenón, rey de Argos, que ejerce el mando de los ejércitos griegos que asedian la ciudad de Troya, y el joven Aquiles, jefe tesalio, verdadero protagonista de la Ilíada.

La ira de Aquiles llega a su colmo porque Agamenón le ha robado su bella esclava Criseida, que le había correspondido por su valor.

Aquiles se niega a seguir peleando. Su presencia es necesaria para el éxito de los combates. Se retira a las naves; pero sin él las armas griegas van perdiendo terreno y la situación se hace tan difícil que algunos piensan reembarcar sus tropas. A ruego de unos mensajeros, Aquiles accede a que su mejor amigo, Patroclo, entre en el combate vestido con sus armas.

Los troyanos huyen creyendo que el guerrero que combate es el mismo Aquiles. Héctor le sale al encuentro y le da muerte después de una reñida pelea. Únicamente la pérdida de su fiel amigo Patroclo mueve a Aquiles a abandonar las naves y tomar parte directa en la lucha.

Revestido con las armas forjadas por Hefestos y reconciliado con Agamenón, quien le entrega la esclava, se lanza con ímpetu arrollador al combate. Lucha con Héctor y le da muerte. Hace que los caballos arrastren el cadáver del jefe troyano alrededor de la ciudad.

Los troyanos piden a Aquiles el cadáver de Héctor para incinerarlo, y el poema termina con los funerales del héroe troyano y de Patroclo. Tomada e incendiada Troya, la muerte de su amigo queda vengada por Aquiles y se cumple al fin el designio de los griegos.

La Odisea

Es uno de los poemas en que se cantan las aventuras de un héroe griego. Son cuarenta días de viaje, en los que también se sintetizan diez años de aventuras de Ulises (Odiseo), uno de los destacados aqueos atacantes de Troya.

Homero ha puesto gran emoción en las distintas aventuras que encuentra el héroe en su peregrinación marítima. El poema abarca una extensión de 12.110 versos. Homero ha empleado el sistema de simultanear el relato de varias acciones: la de Ulises mismo, la de sus esposas y las de su hijo Telémaco buscándole. El procedimiento será usado después por los demás poetas épicos narrativos.

2. El Teatro Griego

Es una de las formas del arte que más gloria ha dado al pueblo helénico, considerado como creador del arte dramático. Cultivaron dos formas fundamentales: la tragedia y la comedia. Se ha dicho que el teatro griego es uno de los milagros del genio humano. Los tres autores trágicos más famosos son: Esquilo, Sófocles y Eurípides.

Esquilo

Natural de Eleusis, cerca de Atenas. Fue escritor fecundo, pues cuenta hasta 70 ó 90 títulos. Solo siete han llegado a la posteridad. Llevó a escena asuntos espectaculares sacados de la edad heroica.

Sus trilogías son:

· Agamenón, muerto por Egipto y Clitemnestra.

· La Orestíada.

· La Coéforas: Orestes es juguete de las erinias o furias.

· Prometeo Encadenado: Hazaña del héroe robando el fuego, su castigo y su liberación.

· Los siete contra Tebas: Polinice y Eteocles arrastran la maldición de sus antepasados Layo y Edipo.

· Los persas.

· Las suplicantes o Danaides Matando a sus esposos egipcios.

Sófocles

Nació en Colono, aldea cercana a Atenas. Treinta años más joven que Esquilo, le vence en el certamen del 468. Hizo muchas tragedias, no en forma de trilogías, sino aisladas. Se citan hasta cien. Sólo siete han llegado a la posteridad. Se manifiesta religioso.

Sus obras más famosas son las siguientes:

· Áyax, sobre el personaje homérico, vencido en la mitad de la obra misma.

· Electra, la hermana de Orestes, matando a su madre en lucha feroz de sentimiento.

· Antígona, enterrando a su hermano Polinices contra las leyes del Estado.

· Edipo Rey, juguete de fatalidad al matar a su padre y casarse con su madre.

· Edipo en Colono, en donde muere tras el errante caminar con su hija Antígona.

· Las Traquinias, o doncellas de Traquis, despertando los celos de Deyanira, la esposa de Hércules. Ella, buscando rejuvenecerse, se da un brebaje de muerte.

· Filoctetes, víctima de la enfermedad que le postra fuera de la guerra en Troya.

Eurípides

Era natural de Salamina (480 a. C.), algo más joven que Sófocles. Tuvo una dura oposición a sus reformas teatrales, pero al fin se impuso su gusto. Sus obras son más numerosas, pues se cuentan hasta dieciocho. Sus personajes dejan la grandiosidad del héroe mitológico para hacerse más humanos.

Sus obras fueron: Alcestes, Hipólito, Medea, Electra, Las Fenicias, Las bacantes, Hécuba, Andrómeda, Ifigenia en Áulide, Ifigenia en Tauride.

3. LOS GRANDES DIOSES

Nombre Griego

Nombre Romano

Poderes

Zeus

Júpiter

Dios del cielo y soberano de los dioses olímpicos.

Hera

Juno

Reina de los dioses. Diosa del matrimonio y la protectora de las mujeres casadas.

Apolo

Délico / Pitio

Dios de la profecía. Dios de la agricultura y de la ganadería, de la luz y de la verdad.

Afrodita

Venus

Diosa del amor y de la belleza.

Nacida de la espuma.

Hades

Plutón

Dios de los muertos.

Señor de los ricos.

Poseidón

Neptuno

Dios del mar.

Atenea

Minerva o Palas Atenea

Diosa de las ciudades griegas, de la industria y de las artes. Diosa de la sabiduría, Diosa de la guerra. Patrona del arte de la agricultura y de las labores femeninas.

Ares

Marte

Dios de la guerra. Rey de los dioses, y de su esposa Hera.

Hefestos

Vulcano

Dios del fuego y de la metalurgia. Artesano de los dioses; les fabricaba armaduras, armas y joyas.

Hermes

Hermes/Mercurio

Mensajero de los dioses. Dios del comercio, protector de comerciantes y pastores.

Eros

Cupido

Dios del amor. Una de las fuerzas primigenias de la naturaleza. Fuerza inquieta e insatisfecha.

Hestia

Vesta

Diosa virgen del hogar. Simboliza la perpetuidad religiosa, la continuidad de la civilización y de la cultura, a pesar de la emigración, las invasiones y la guerra.

Némesis

Némesis

Diosa de la venganza.

Cronos

Saturno

Personifica el paso del tiempo y la abundancia.

Selene

Luna

Diosa de la luz lunar y de las artes mágicas.

sábado 24 de mayo de 2008

El tema del amor en la literatura

1. El amor como tema constante de la literatura y su significación como expresión de dimensiones esenciales de lo humano: la afectividad y la relación con el otro.

2. Concepciones dominantes del amor, la relación amorosa y el ser amado en la tradición literaria occidental:

• el amor sensual, la pasión amorosa; la relación amorosa como atracción y goce de la belleza corporal, de la posesión y unión física de los amantes;

• la idealización del ser amado; la relación amorosa como vía que aproxima a la belleza, al bien, a Dios; el ser amado como bello y noble objeto de devoción y culto.

3. Temas asociados al amor y algunos tipos de relaciones amorosas en la tradición literaria occidental:

• correspondencia o reciprocidad del amor: el amor correspondido y el amor imposible;

• amor, tiempo, muerte: la transitoriedad del amor, asociada a lo efímero de la vida, y la eternidad del amor, la fuerza que logra vencer incluso la muerte;

• amor y libertad: amor como privación de libertad (amor tirano, prisión, cadena), y amor como liberación, plenitud, trascendencia, salvación;

• amor y palabra: la conciencia de la inefabilidad del amor y el valor expresivo del silencio, de las miradas, de la gestualidad.

4. Algunos géneros y formas literarias preferentes, para la expresión del tema del amor, tales como sonetos, odas, églogas, epigramas, en la poesía lírica; cuentos, novelas, dramas; o géneros no literarios, como diálogos filosóficos, tratados o cartas, confesiones, memorias, testimonios

5. El tema del amor como fuente de argumentaciones que proponen diversas concepciones del amor, de la interioridad humana, de las relaciones con los otros y del objeto de amor en diferentes épocas; los contextos sociales, histórico-culturales que dan fundamento a la diversidad de visiones.

6. Géneros, formas métricas, estróficas, recursos de estilo y lenguaje, figuras retóricas utilizadas preferentemente para la expresión del tema del amor en las distintas obras, permanencia y variación de esas formas y recursos en obras de diferentes épocas.

El viaje como tema literario

1. El viaje como tema literario: su recurrencia en la tradición literaria y su significación como representación de la vida humana.

2. Diversas formas del viaje en la tradición literaria:

- viaje a los infiernos;

- viaje interior;

- viaje por diversos espacios terrestres o extraterrestres.

3. Sentidos del viaje:

- búsqueda de la verdad, de la felicidad, de la inmortalidad; descubrimiento de un centro espiritual: el viaje interior;

- la peregrinación y la búsqueda de la tierra prometida;

- rito de iniciación: el viaje mítico, su sentido y sus etapas;

- visión y crítica social: la moral en la vida humana.

4. El tema del viaje en las obras literarias como forma de estructuración de argumentaciones que proponen o contradicen diversas visiones de la vida humana. Contextos históricos, sociales y culturales, como fundamentos de la producción y recepción de tales obras. Formas genéricas; tendencias artístico-literarias; estilo y lenguaje

El amor y el viaje temas eternos

El tema del amor

1. El amor como tema constante de la literatura y su significación como expresión de dimensiones esenciales de lo humano: la afectividad y la relación con el otro.

2. Concepciones dominantes del amor, la relación amorosa y el ser amado en la tradición literaria occidental:

• el amor sensual, la pasión amorosa; la relación amorosa como atracción y goce de la belleza corporal, de la posesión y unión física de los amantes;

• la idealización del ser amado; la relación amorosa como vía que aproxima a la belleza, al bien, a Dios; el ser amado como bello y noble objeto de devoción y culto.

3. Temas asociados al amor y algunos tipos de relaciones amorosas en la tradición literaria occidental:

• correspondencia o reciprocidad del amor: el amor correspondido y el amor imposible;

• amor, tiempo, muerte: la transitoriedad del amor, asociada a lo efímero de la vida, y la eternidad del amor, la fuerza que logra vencer incluso la muerte;

• amor y libertad: amor como privación de libertad (amor tirano, prisión, cadena), y amor como liberación, plenitud, trascendencia, salvación;

• amor y palabra: la conciencia de la inefabilidad del amor y el valor expresivo del silencio, de las miradas, de la gestualidad.

4. Algunos géneros y formas literarias preferentes, para la expresión del tema del amor, tales como sonetos, odas, églogas, epigramas, en la poesía lírica; cuentos, novelas, dramas; o géneros no literarios, como diálogos filosóficos, tratados o cartas, confesiones, memorias, testimonios

5. El tema del amor como fuente de argumentaciones que proponen diversas concepciones del amor, de la interioridad humana, de las relaciones con los otros y del objeto de amor en diferentes épocas; los contextos sociales, histórico-culturales que dan fundamento a la diversidad de visiones.

6. Géneros, formas métricas, estróficas, recursos de estilo y lenguaje, figuras retóricas utilizadas preferentemente para la expresión del tema del amor en las distintas obras, permanencia y variación de esas formas y recursos en obras de diferentes épocas.

El viaje como tema literario

1. El viaje como tema literario: su recurrencia en la tradición literaria y su significación como representación de la vida humana.

2. Diversas formas del viaje en la tradición literaria:

- viaje a los infiernos;

- viaje interior;

- viaje por diversos espacios terrestres o extraterrestres.

3. Sentidos del viaje:

- búsqueda de la verdad, de la felicidad, de la inmortalidad; descubrimiento de un centro espiritual: el viaje interior;

- la peregrinación y la búsqueda de la tierra prometida;

- rito de iniciación: el viaje mítico, su sentido y sus etapas;

- visión y crítica social: la moral en la vida humana.

4. El tema del viaje en las obras literarias como forma de estructuración de argumentaciones que proponen o contradicen diversas visiones de la vida humana. Contextos históricos, sociales y culturales, como fundamentos de la producción y recepción de tales obras. Formas genéricas; tendencias artístico-literarias; estilo y lenguaje

sábado 26 de abril de 2008

Amor cortés

TERCERO MEDIO


Autofinalidad del amor, servidumbre incondicional e idealización de la amada, complacencia en el sufrimiento del amante... ¿Mito, tradición literaria o realidad?

Definiciones

«En el denominado "amor cortés" el amante se comporta con la amada en forma muy semejante a cómo debe hacerlo el vasallo con su señor».

Miguel de Santiago [1989:16].

«Durante muchos siglos la idea y práctica del amor habían estado regidas por la libido, y su código era el Ars amandi, de Ovidio. El amor era un impulso de carácter sensual y perfectivo que aspiraba al goce material y al logro definitivo y absoluto. Pero la vida cortesana de los castillos occitánicos en el siglo XII adoptó una nueva y extraña inteligencia erótica en la que predomina la idea de servicio permanente y desinteresado. El es llamado amor cortés. El amante no se propondrá un objetivo o una meta, como es cobrar la pieza de caza y satisfacer en ella un afán de victoria, sino que se mantendrá en un estado de amor que no aspira a ninguna recompensa o galardón. Es un imperfectivo amar por amar que se mantiene permanentemente, a través de múltiples matizaciones como servidor humilde y fiel en homenaje sin esperanza a la mujer amada. Lo característico del amor cortés, en contraste con el amor ovidiano, es la sumisión del amante ante la soberanía de la dama, la señora, de la que nada espera y a la que dedicará toda su vida en actitud de delicuescente melancolía. De ella va a provenir el tono doliente y gemebundo del poeta amante que llora no su desventura ante un fracaso, que sería una solución, sino el paradójico dulce mal de amor con las agravantes de consentimiento y perduración. No hay un grito de pasión triunfal o de rabia ante la derrota, ni una solución definitiva en el juego del amor; no hay pugna mutua de contrarios en la que se vence o se es vencido. La batalla se libra de continuo sin resultado en el interior mismo del poeta-amante que padece y se deleita a la vez en ese estado de amor sin ulteriores consecuencias».

Jesús Manuel Alda-Tesán [1992:29-30].

«Amor cortés, código de comportamiento que definía las relaciones entre enamorados pertenecientes a la nobleza en Europa occidental durante la edad media. Influido por las ideas coetáneas de la caballería y del feudalismo, el amor cortés requería la adhesión a ciertas reglas elaboradas en la canciones de los trovadores, entre finales del siglo XI y los últimos años del siglo XIII, que provenían originalmente de la obra Ars Amatoria del poeta romano Ovidio.

»De acuerdo con esas convenciones, un noble, por lo general un caballero, enamorado de una mujer casada de igual o a veces más elevada alcurnia, tenía que demostrar su devoción mediante gestas heroicas y escritos amorosos, presentados de forma anónima a su amada. Una vez que los amantes se habían comprometido uno al otro y consumado su pasión, tenía que mantenerse en completo secreto. Puesto que, en la edad media, la mayor parte de los matrimonios entre la nobleza no eran más que meros contratos de negocios, el amor cortés era una forma de adulterio aprobado; esto era así porque no suponía una amenaza ni al contrato matrimonial ni al sacramento religioso. De hecho, la infidelidad entre los amantes era considerada más pecaminosa que el adulterio de esta relación extramarital.

»La literatura sobre la tradición del amor cortés incluye obras como Lancelot, del poeta francés del siglo XII Chrétien de Troyes, Tristán e Isolda (1210), de Gottfried von Strassburg, Le Roman de la rose (hacia 1240) de Guillaume de Lorris y Jean de Meun, y los romances relativos a la leyenda del rey Arturo. El tema del amor cortés fue desarrollado en la Vita nuova (Vida nueva, c. 1293), y en la Divina Comedia (hacia 1307) de Dante Alighieri, y en los sonetos del poeta italiano del siglo XIV Petrarca»

Un decálogo

A. D. Deyermond [1973:43] establece algo así como un decálogo que normalmente siguen los practicantes del amor cortés y que Ildefonso Vega Fernández [1983:16] resume de la siguiente manera:

1. Nobleza del hombre y de la mujer en linaje y conducta.

2. La fuerza del amor presenta a la amada como admirable y engendra virtud en el amante.

3. Normalmente, este amor es adúltero.

4. El objetivo del amante es lograr el trato sexual, dentro o fuera del matrimonio.

5. Es un amor frustrado por imposibilidad de consumación o porque el desastre sigue a dicha consumación.

6. Es trágico y no cómico -pese a su tratamiento cómico en la literatura medieval española-.

7. Frecuente transposición al amor sexual de las emociones y de la imaginería religiosa.

8. El amante reconoce su inferioridad con respecto a la dama, al margen de que sea inferior o no en la vida real.

9. Es escasa las correspondencia de la dama al amor del caballero (al menos en la literatura medieval).

10. Los amantes tratan de encubrir su amor.

Rasgos

«El tratamiento del tema amoroso, en la literatura clásica, fue ampliamente abordado por Ovidio, en su "Ars Amandi", con una visión sensual, erótica, gozosa y placentera.

»En la corte de Provenza, los rasgos del amor cortés difieren del amor carnal de Ovidio, porque representa la forma de sentir de una sociedad distinta: todo el sentido de la vida se concreta en servir al amor. Por él está dispuesto el hombre medieval, desde el s. XII hasta el s. XV, en que surgirá Petrarca con una nueva sensibilidad, a sufrir, penar, ser esclavo..., con tal de ser digno servidor del amor. Sólo sufriendo, el hombre puede amar. Además, ama con la misma veneración que se le tiene a Dios. (...)

»Los rasgos de este amor son los siguientes:

1. La humildad, pues siempre el enamorado se siente inferior a la amada.

2. La cortesía, porque sus formas no son groseras sino refinadas y llenas de delicadeza. Sólo los nobles en linaje y conducta, hombre y mujer, pueden aspirar al amor.

3. La utopía, porque no aspira a conseguir el favor de la amada; sólo le basta con expresarle su admiración y su devoción, sin esperar ninguna recompensa a cambio.

4. El desinterés, porque el poeta no pretende el matrimonio, sino que canta a una dama excelsa y elevada con la que no puede aspirar al casamiento.

5. La frustración, por la imposibilidad de consumar el amor o porque el desastre sigue inmediatamente a la consumación.

6. El secreto, por ser un amor encubierto, no manifestable públicamente.

»Para Lewis, esto es así porque un esposo no podría transmitir un amor apasionado, desinteresado y utópico a la esposa, cuando en su relación con ella, la dama está sometida al marido; es ella la sierva de su señor».

Juan Santaella López [2000:12-14].

Una metáfora: De rodillas ante ella

Metáfora del amante seducido y símbolo del sacrificio divino, el unicornio protagoniza numerosas leyendas medievales.

«Una reelaboración del mito [del unicornio] en sentido profano se encuentra en el Bestiare d'amour de Richart de Fournival, anterior a 1260. Aquí el unicornio representa al amante seducido por el perfume de la Virgen, que Amor, astuto cazador, ha colocado en su camino para hacerlo morir de desesperación. La metáfora se inserta perfectamente en la concepción del amor cortés, con una desviación capital de la alegoría místico-teológica al imaginario erótico. Esta reinterpretación del mito en sentido secular se ve influenciada por los poetas sicilianos y sobre todo por la lírica de los trovadores, que a menudo se sirven de metáforas zoólogicas para describir los rituales del cortejo.

»En el Bestiare d'amour de Richart de Fournival los animales son reconducidos al reino de los cinco sentidos, atraídos por la fascinación femenina. En él, el unicornio se asocia al olfato: "fui capturado también por medio del olfato, como el unicornio, que se duerme al captar el suave perfume de la virginidad de una muchacha [...], y cuando reconoce una por el olor, se arrodilla ante ella y se inclina con humildad y dulzura, como si quisiera ponerse a su servicio". Salta a la vista la referencia al vasallaje amoroso del caballero para con su dama, concepto clave del amor cortés».

Sandra Pietrini [2000:63].

Literatura. Cronología y contemporaneidad.

CUARTO NIVEL

Lejos de las tradicionales cronológicas, que adscriben los fenómenos históricos a iguales períodos de cien años, la paradoja, la violencia y un insospechado desarrollo tecnológico experimentados durante el siglo XX quiebran ese principio organizador del calendario. Al respecto, el escritor William Golding señala: “No puedo dejar de pensar que ha sido el siglo más violento de la historia humana”. Dentro de este contexto, el reconocido músico Yehudi Menuhin agrega: “Si tuviera que resumir el siglo XX, diría que despertó las mayores esperanzas que haya concebido nunca la humanidad y destruyó todas las ilusiones e ideales”. Por último, el historiador Franco Ventura concluye que “…los historiadores no pueden responder a esta cuestión. Para mí, el siglo XX es sólo el intento constantemente renovado de comprenderlo”.

Con la concurrencia de estas opiniones, Eric Hobsbawm inicia su reflexión sobre la contemporaneidad. Según él, tenemos que hablar de un siglo XX corto, esto es, que comprende los años que van desde el comienzo de la primera guerra mundial hasta la caída de Unión Soviética:

“Ignoramos qué ocurrirá a continuación y cómo será el tercer milenio, pero sabemos con certeza que será el siglo XX el que le habrá dado forma. Sin embargo, es indudable que en los años finales de la década de 1980 y en los primeros de la de 1990 terminó una época de la historia del mundo para comenzar otra nueva. Esa es la información esencial para los historiadores del siglo, pues aun cuando pueden especular sobre el futuro a tenor de su comprensión del pasado, su tarea no es la misma que la del que pronostica el resultado de las carreras de caballos. Las únicas carreras que debe describir y analizar son aquellas cuyo resultado –de victoria o de derrota- es conocido (…) En este libro, el siglo XX aparece estructurado como un tríptico. A una época de catástrofes, que se extiende desde 1914 hasta el fin de la segunda guerra mundial, siguió un período de 25 ó 30 años de extraordinario crecimiento económico y transformación social, que probablemente transformó la sociedad humana más profundamente que cualquier otro período de duración similar. Retrospectivamente puede ser considerado como una especie de edad de oro, y de hecho así fue calificado apenas concluido, a comienzos de los años setenta. La última parte del siglo fue una nueva era de descomposición, incertidumbre y crisis y, para vastas zonas del mundo como África, la ex Unión Soviética y los antiguos países socialistas de Europa, de catástrofes. Cuando el decenio de 1980 dio paso al de 1990, quienes reflexionaban sobre el pasado y el futuro del siglo lo hacían desde una perspectiva fin de siècle cada vez más sombría. Desde la posición ventajosa de los años noventa, puede concluirse que el siglo XX conoció una fugaz edad de oro, en el camino de una u otra crisis, hacia un futuro desconocido y problemático, pero no inevitablemente apocalíptico.” (Hobsbawm, 1999: 15-16).

El siglo XIX se caracterizó por una mirada progresista del mundo. Se pensaba que la democratización del conocimiento podía llegar a todos los hombres y mujeres y que, como colectividad, la humanidad avanzaría perpetuamente hacia un estado de perfección creciente, alcanzando finalmente la felicidad. Estas ideas se basaban en el principio de la racionalidad como algo propio de los seres humanos, lo cual propiciaba el establecimiento de una ética universal y de una comprensión científica del mundo en su totalidad. El ser humano se sentía fuerte, capaz de conocer y ordenar el mundo, de configurar una serie de principios valóricos que todos respetarían, pues se pensaba que todos eran racionales.

Sin embargo, el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 hace temblar los cimientos de la concepción del mundo sostenida hasta ese momento. Las guerras mundiales muestran cómo el ser humano también puede utilizar los avances científicos para fines que no respetan los derechos básicos de hombres y mujeres. De la misma manera, la gran cantidad de muertes violentas que suceden en la primera mitad del siglo XX niegan la idea de la naturaleza racional del ser humano y su capacidad de llegar a establecer y respetar códigos valóricos universales.

Estos fenómenos históricos influyen fuertemente en la literatura que se comienza a producir a partir de esa época, pues en ella se tratarán temas como la cercanía de la muerte, el carácter absurdo de la existencia, la presencia de lo ilógico como opuesto a lo racional, la soledad del ser humano en un mundo hostil, entre otros. Estos temas, más una serie de innovaciones en la estructura y forma de los textos literarios, constituirán los rasgos caracterizadores de la literatura del siglo XX.

Realidad inabarcable e ilógica

A diferencia de la seguridad propia del proyecto humano del siglo XIX, la literatura contemporánea se encargará de exhibir la imposibilidad de ordenar y comprender el mundo como un todo. La posibilidad de una verdad universal o igual para todos se había desvanecido, pues la estabilidad que el concepto de razón daba al ser humano estaba puesta en duda. De esta manera, ya no encontraremos en esta época obras que configuren un mundo coherente, en el cual las cosas sucedan siempre por una causa lógica, sino que veremos textos literarios que contradicen los modelos habituales de creación. Esta ruptura se expresa a través de los elementos que se señalan a continuación. Es importante que consideres que no se trata de que cualquier obra contemporánea tenga TODOS estos rasgos, sino que es posible que encuentres uno o varios de ellos al leer una obra escrita durante los siglos XX o XXI.

Representación subjetiva del tiempo

La estructura tradicional de la narración y del drama estaba constituida por la secuencia presentación, nudo o desarrollo, clímax y desenlace. De esta manera, las acciones de la narración se presentaban en el orden que cronológicamente les correspondía. Este es uno de los rasgos que la literatura contemporánea va a romper: se alterará esta noción cronológica del tiempo y con ello, las relaciones de causalidad entre los acontecimientos exhibidos en las obras. Si el mundo ya no se puede abarcar como una totalidad, entonces la única forma de percibirlo es a través de la propia conciencia. Es por ello que el tiempo en la narración y el drama contemporáneos será subjetivo, es decir, no estará guiado por un orden externo a los hechos, sino que se ordenará de acuerdo con la conciencia de los personajes. Quizás esta diferencia te quede más clara si la comparas con el relato ordenado que podrías hacer de tu propia vida, partiendo por tu nacimiento y siguiendo en orden hasta el momento actual, en contraste con uno que se ordenara según lo que recuerdas primero y lo que recuerdas después. Desde esta perspectiva, podrías comenzar perfectamente por algún instante de tu adolescencia, luego saltar a tu niñez, después volver a la adolescencia y finalmente hablar sobre tu etapa actual, sin que exista un orden cronológico claro o lineal. Esto sucede, por ejemplo, en obras como Hijo de Ladrón, del escritor chileno Manuel Rojas, que se inicia en un momento que corresponde a la parte final de la historia, luego retrocede hacia la infancia del personaje, desde donde avanza intercalando distintos instantes, hasta volver al lugar en que la obra comenzaba. En obras como esta será el lector el que reconstruya el orden de los hechos, pues este no viene dado en el texto.

Uno de los procedimientos para representar el tiempo de manera subjetiva es el flash back, que consiste en un rápido retorno al pasado en la trama, que luego vuelve al presente. Seguramente has visto este recurso en el cine, cuando algún personaje de la película recuerda brevemente un instante de su juventud y luego vuelve al presente. En ese caso, estamos viviendo el tiempo desde la conciencia del personaje y no de una forma ordenada desde fuera.

Para comprender mejor la idea de la representación subjetiva del tiempo, te recomendamos ver películas como Memento, en la cual la narración ocurre de manera inversa (desde el final hacia el principio) o El gran pez, que se estructura a través del recurso del flash back.

Variedad de voces narrativas y predominio de la primera persona

Si el siglo XIX creía en la posibilidad de conocer y ordenar el mundo de manera objetiva, el tipo de narrador más adecuado para esta época era el omnisciente: aquel que no participa de la historia, sino que la ve desde fuera y conoce todo lo que en ella sucede. Por el contrario, para un siglo XX que comenzaba a cuestionar cualquier discurso ordenador del mundo, la única forma de narrar será desde la conciencia personal que, a su vez, se confundirá con otras voces.

Así, encontrarás que en gran parte de las obras contemporáneas predomina el narrador en primera persona, por lo tanto, que es protagonista o testigo de la historia. Analicemos, a modo de ejemplo, el siguiente fragmento del cuento “Escuchar a Mozart”, de Mario Benedetti:

“Pensar, capitán Montes, que hubieras podido seguir durmiendo tu siesta. En realidad, estás cansado. Hay que reconocer que la faena de anoche fue dura, con esos doce presos que llegaron juntos, ya bastante maltrechos, y ustedes tuvieron que arruinarlos un poquito más. Eso siempre te deja un malestar, sobre todo cuando no se consigue que suelten nada, ni siquiera el número de zapatos o el talle de la camisa. Las pocas veces en que alguien habla, pensando [pobre ingenuo] que eso quizá signifique el final del infierno, entonces el trabajo sucio te deja por lo menos una satisfacción mínima. Después de todo, te enseñaron que el fin justifica los medios, pero vos ya no te acordás mucho de cuál es el fin. Tu especialidad siempre fueron los medios, y éstos deben ser contundentes, implacables, eficaces. Te metieron en el marote que estos muchachitos tan frescos, tan sanos, tan decididos [vos agregarías: y tan fanáticos], eran tus enemigos, pero a esta altura ya ni siquiera estás demasiado seguro de quiénes son tus amigos. Por lo menos sabés a ciencia cierta que el coronel Ochoa no es tu amigo. El coronel, que jamás se mancha el meñique con ningún trabajo que apeste, te considera un débil, y te lo ha dicho delante del teniente Vélez y del mayor Falero. Vos no siempre alcanzás a comprender cómo Falero y Vélez pueden efectuar tan calmosamente un interrogatorio tras otro, sin perder nada de su compostura, sin que se les afloje un botón ni se les desacomode el peinado, negro y engominado en Falero, ondeado y pelirrojo en Vélez. La siesta te deja siempre de mal humor. Pero hoy estás especialmente malhumorado. Quizá porque Amanda te sugirió anoche, tímidamente, después de haber hecho el amor con una tensión inevitable y frustrante, si no sería mejor que, y vos estallaste, casi rugiste de indignación y despecho, acaso porque también pensabas lo mismo, pero a quién se le ocurría ahora pedir el retiro, algo que siempre despierta fastidiosas sospechas y aprensiones.”

(Benedetti, Mario: Cuentos Completos, Seix Barral, Buenos Aires, 1994).

¿Ves cómo se mezclan las voces en la narración? Hay, en primer lugar, un “yo” que asume la voz principal y que se refiere a lo que hacen y dicen los otros. Sin embargo, la primera persona se mezcla con la constante apelación a un “tú”: el capitán Montes. Sabemos lo que hace y dice este personaje, pero siempre desde el punto de vista del narrador, que está ironizando las costumbres y dichos del capitán. Entre estas voces, aparece también la voz del capitán en frases como: “vos agregarías: y tan fanáticos”, “a quién se le ocurría ahora pedir el retiro”. Por otra parte, podemos observar también la presencia de una nueva voz, la de Amanda, diciendo “si no sería mejor que”. A diferencia de una narración tradicional, en la cual el narrador omnisciente ve todo con una mirada externa, aquí el narrador está completamente involucrado con el habla y el pensamiento de sus personajes. De hecho, es difícil distinguir la voz de los personajes de la del narrador, por ejemplo, en el caso de lo que dice Amanda. Esto no ocurriría en una narración tradicional, ya que los parlamentos de los personajes serían presentados en forma de diálogo directo. En el caso de este cuento, si se hubiera planteado de una forma tradicional, habríamos leído algo así:

El capitán había hecho el amor con Amanda, de una manera tensa y frustrante, tras lo cual ella le dijo:

- ¿No sería mejor que…?

- ¡A quién se le ocurriría ahora pedir el retiro! – interrumpió indignado el capitán, como adivinando lo que diría Amanda.

¿Notas la diferencia? En este caso los diálogos son presentados en un estilo denominado “directo”, pues se cita directamente lo dicho por el personaje. En el caso del cuento de Benedetti, se detecta el uso del estilo “indirecto libre”, es decir, que no separa claramente los límites entre la voz del narrador y lo dicho por los personajes. Hay un tercer estilo: el “indirecto”. En él, el narrador señala dentro de su relato lo dicho por los personajes, pero con límites claros. Si el cuento que leíste hubiera utilizado este estilo, leerías algo como esto:

Tras hacer el amor de una manera frustrante y tensa, Amanda comenzó a decirle al capitán si “no sería mejor que…”, pero fue brutalmente interrumpida por él, que señaló que a quién se le ocurriría ahora pedir el retiro.

Por otro lado, la temática del cuento también presenta problemáticas habituales en la literatura del siglo XX: el capitán aparece como un sujeto que es manejado por estructuras de poder, que no tiene muy claro lo que quiere, que tiene una relación amorosa poco satisfactoria y que vive en medio de la frustración. En la literatura anterior a este siglo, es probable que la figura de un capitán haya sido muy distinta. Habría sido un sujeto valiente, heroico, con confianza en sí mismo y en los ideales que defiende.

Monólogo interior o corriente de la conciencia

Se trata de dos formas de denominar un mismo recurso, así que no te confundas pensando que son dos cosas distintas. Lo que sucede es que “monólogo interior” es la expresión que los estudiosos franceses de la literatura dieron a este fenómeno y “corriente de la conciencia” es la forma en que los teóricos ingleses lo llamaron. Pero, ¿qué es?

¿Has pensado en la forma en que tu mente habla a diario, por ejemplo, mientras caminas por la calle? Habitualmente no es un pensamiento totalmente ordenado, que razone solo sobre un tema y sus causas y efectos. Lo que realmente hacemos cuando pensamos es divagar y pasar de una idea a otra, sin un hilo conductor muy claro. Esto es precisamente lo que los escritores contemporáneos quisieron llevar a la literatura. Como ya no se creía en la posibilidad de mirar el mundo de una manera externa y objetiva, el “monólogo interior” se presentaba como una forma adecuada de evidenciar cómo el mundo únicamente se podía ver desde el desorden de nuestros pensamientos. Para que entiendas mejor este concepto, trabajemos con un ejemplo del escritor cubano Reinaldo Arenas:

Ya está la vieja llamándome. Ya está tratando de buscar la manera de incomodarme. Desgraciada. Qué madre me he sacado. Para mí que me persigue. Sí, me persigue. Si voy a la cocina se me queda mirándome, como un perro mira a una persona que está comiendo. Y enseguida me entra una incomodidad que me dan ganas de tirarle el caldero a la cabeza. Si entro en el cuarto me pregunta qué quiero, que si se me ha perdido algo. Me lo pregunta así, como si fuera una gatica que no quiere hacer daño. Vieja cabrona, como si yo no tuviera con lo que tengo para soportar, de ñapa, que me vigilen. ¿Es que piensan que me voy a ir con un hombre? Ojalá. Pero no sé quien va a cargar conmigo, si ya estoy que ni el amolador de tijeras me piropea; y antes, por cierto, hasta me sacaba conversación y todo. Aunque primero muerta que casada con el amolador de tijeras. Pero, en fin, el caso es que ya ni siquiera me mira. Y el vendedor de helados hace un siglo que ni pasa por aquí. Ése era otro de mis pretendientes...

(Arenas, Reinaldo: El palacio de las blanquísimas mofetas, Editorial Tusquets, Barcelona, 2001).

En este caso el personaje no desarrolla sus ideas de manera organizada, sino que deja que sus pensamientos fluyan de acuerdo a lo que siente. Encontramos una mezcla de personajes, de ideas y de hechos que se desarrollan sin un orden lógico. Además, el personaje comienza hablando de la molestia frente a su madre, luego de su incomodidad frente a la vigilancia sobre ella, para saltar inmediatamente a su deseo de estar con un hombre y después a la carencia de un hombre que se interese por ella, mezclando esto también con el recuerdo acerca de sus pretendientes. Así, ya no vemos a un narrador omnisciente al cual debemos creer todo lo que nos dice acerca de sus personajes, sino que vemos al personaje exponiendo directamente sus pensamientos y sentimientos.

Si te fijaste bien, además, al igual que en el cuento de Benedetti, este texto presenta a un sujeto que no está feliz con su vida, que se siente frustrado por la imposibilidad de tener una pareja y que mantiene una relación tensa y negativa con su madre. El amor en la época contemporánea, entonces, ya no es un sentimiento asociado a la idealización del otro ni a la felicidad, sino que se constituye como una forma de evidenciar la soledad del ser humano.

Montaje y enumeración caótica

¿Sabes cómo se hace una película? Habitualmente se filman las escenas por separado y muchas veces, hasta que se considera que el resultado es óptimo. Una vez que ya están todas las escenas filmadas, hay un editor que debe encargarse de seleccionar distintos fragmentos de las escenas y de juntarlos para armar el resultado final, que es la película que vas a ver al cine. Este procedimiento se llama “montaje” y es el mismo que en las obras de la literatura contemporánea se utiliza para organizar el texto. A diferencia de una obra tradicional, en la cual es clara la relación entre un enunciado y otro, entre una escena y otra, en las obras contemporáneas se refleja la percepción fragmentada del mundo por medio del montaje de un enunciado sobre otro. Por lo tanto, será el lector el que tenga que proponer una lectura que dé un significado posible a esa serie de fragmentos.

Observa el siguiente ejemplo de utilización del montaje:

Dónde estará la puerta? Dónde estará la puerta
y siempre nos damos de bruces
Con los espejos de la vida
Con los espejos de la muerte.

ETERNA Juventud Vejez ETERNA
Ser siempre el mismo espejo que le damos la vuelta
se agitan las manos amarillas
y se pierden las otras manos
y en este todo-nada de espejos
ser de MADERA
y sentir en lo negro
HACHAZOS DE TIEMPO
m a r
Yo tenía 5 mujeres
y una sola querida.

(Oquendo de Amat: Cinco metros de Poemas, Lima, Editorial Colmillo Blanco, 1990).

Como puedes apreciar, hay una superposición de versos, palabras escritas con distinta tipología o tamaño y sin mayor ilación, etc. En una versificación tradicional, se intentaría vincular los versos entre sí de modo de evidenciar una relación entre ellos (un enunciado más importante que otro, algunos como consecuencia de otros, etc.). En cambio, en este poema notamos que predomina la conjunción copulativa coordinante “y”, que solo adiciona elementos, sin señalar la importancia de unos frente a otros. Por lo tanto, correspondería a un collage de versos, algunos de los cuales incluso podríamos ubicar en lugares distintos de los que están, sin alterar el sentido global del poema.

IMPORTANTE: si bien en la literatura contemporánea se evidencia continuamente la falta de cohesión entre los versos que componen un poema (por ejemplo el caso de las Vanguardias, en que a través del montaje o la enumeración caótica se superponen elementos aparentemente sin vinculación), a través de la lectura es posible interpretar dichos textos y otorgarles una coherencia global, de modo de determinar de qué trata básicamente el texto. Por lo tanto, podemos decir que si bien en la literatura contemporánea muchas veces los textos carecen de cohesión (ilación entre enunciados o versos), eso no quiere decir que no se les pueda dar una coherencia y por tanto un sentido.

Lee el siguiente ejemplo de enumeración caótica:

No sabía qué hacer con Chloé. Quizás llevarla a un salón de té, pero de ordinario el ambiente es más bien deprimente, y no le gustan las señoras glotonas de cuarenta años que se comen siete pasteles de nata con el dedo meñique estirado. No concebía la glotonería, sino en los hombres, en quienes cobra pleno sentido sin quitarles su dignidad natural. Tampoco al cine, porque no quería. Tampoco al diputódromo, porque no le gustaría. Tampoco a las carreras de terneros, porque tendría miedo. Tampoco al hospital Saint-Louis, porque está prohibido. Tampoco al museo del Louvre, porque detrás de los querubines asirios se esconden los sátiros. Tampoco a la estación Saint–Lazare, porque no hay más que carretillas y ni un solo tren.

(Boris Vian: La espuma de los días, Editorial Cátedra, 2ª edición, Madrid, 2002).

Si lees con atención la parte final del texto anterior, notarás que el personaje piensa en una serie de lugares donde llevar a Chloé. Estos lugares aparecen como una lista de situaciones que van de menos a más absurdas: ¿existen los diputódromos?, ¿las carreras de terneros?, ¿son lugares apropiados para llevar a una chica en una cita? En una lectura atenta es posible formular un sentido para esta enumeración caótica, que lo es solo en apariencia, puesto que el trabajo del lector es darle un sentido: diputódromo puede ser un lugar en que se pasean los diputados o tal vez la propia cámara de diputados pero referida al modo de un hipódromo; hay con ello un juicio de valor acerca de esta actividad. Toda enumeración caótica requiere un esfuerzo mayor del lector, que debe formular un sentido posible a lo enunciado en el texto.

Literatura como tema de sí misma

La gran diferencia entre la literatura contemporánea y la tradicional, es que toma conciencia del proceso de escribir una obra. Por ejemplo, encontrarás obras teatrales como Seis personajes en busca de un autor, en la cual se evidencia el proceso de configuración de la obra de teatro y el mismo director aparece en escena. Solamente si son capaces de reconocer los principios que componen una obra tradicional, los escritores contemporáneos se podrán oponer a ellos a través de los recursos que vimos en la sección anterior. Esta reflexión sobre el propio proceso de escritura se manifestará de tres maneras:

Manifiestos:

A principios del siglo XX, surgen una serie de publicaciones en las cuales un grupo de escritores explicaba su punto de vista acerca de la literatura. Estos textos se llaman “manifiestos”. Veamos un ejemplo:

El Arte nuevo y la Literatura han recorrido los circuitos ideológicos, hasta en los países más antipódicos a Chile. Han hecho su trayectoria, subsolar y clandestina al principio, abierta y magníficamente frutal más tarde. Europa es hoy el tablero de una planta eléctrica, donde se abren bajo el gobierno de fosforescentes operadores, las múltiples rosas amarillas de las ampolletas. Y de ese enorme tablero parten incontables ISMOS, cables submarinos o terrestres que han buscado los intersticios eocénicos, traspasando invertebradamente los estratos seculares para transmitir a las 4 esquinas de la Rosa Náutica la nueva vitalidad eléctrica, la futurista sensibilidad y la debiscencia jugosa del humor que en Europa, corazón del planeta, han sustituido a los ancestralismos fatalistas.

Las manifestaciones perforantes de aquellos epimeteos adolescentes en los estrados académicos, un día cualquiera, gritaron su credo arbitrario, su nuevo Credo, el nacido de sus nervios voltaizados ante el aspecto de las modernas ciudades, que sintonizan la hora actual con la respiración de los mil pulmones de sus usinas acezantes, sonaron a cosa absurda y combatible hasta en los países mas ecuánimes y espirituales, porque es condición de los hombres no creer sino en lo que les enseñaron.

(Rosa Náutica, Cartel publicado por la Editorial “Tour Eiffel”, Valparaíso, 1922?).

Puedes ver como en este manifiesto se proclama la necesidad de renovar el arte, abandonando la mirada tradicional o de los “estrados académicos” y los “ancestralismos fatalistas”. Este nuevo arte nace de los “nervios voltaizados ante el aspecto de las modernas ciudades”, es decir, se relaciona con los cambios que los seres humanos veían en su entorno a principios del siglo XX: el crecimiento de las ciudades, los avances de la técnica, la llegada de los automóviles y los edificios, etc. La nueva forma de hacer arte debe tener “vitalidad”, ser “futurista” y tener “humor”. Por otra parte, puedes darte cuenta de que como parte de esta revolución artística impulsada por Huidobro, él intenta innovar en el uso del lenguaje, utilizando términos que antes no existían o que no estábamos acostumbrados a escuchar, como, por ejemplo; “voltaizados”, “subsolar”, “debiscencia”, etc.

Intertextualidad:

A lo largo de la historia de la literatura, una vez que se da importancia a la figura del autor, se dio importancia también a la originalidad de las obras y se les asignaba un menor o mayor valor de acuerdo a la novedad de su propuesta. Esto significa que antes de la literatura contemporánea se pensaba que era posible partir “de cero” al escribir un texto, sin reconocer ninguna relación con obras de épocas anteriores, ya que ello habría sido considerado una copia. Por el contrario, la literatura que se desarrolla en el transcurso del siglo XX comienza a reconocer la presencia de otros textos dentro de los suyos, es decir, de la inevitable herencia de la literatura anterior que se observa en todo texto. Para reflexionar sobre este tema, los autores de esta época utilizarán la intertextualidad como recurso, o sea, evidenciarán la presencia de otros textos en los suyos. El argentino Jorge Luis Borges, por ejemplo, lleva al extremo este recurso señalando que existe un Quijote de la Mancha escrito por Pierre Menard (autor ficticio) y cuyo texto es exactamente igual al de Cervantes y, así todo, distinto. Se niega la importancia de la originalidad y se evidencia cómo todo texto literario contiene en sí otros textos de épocas anteriores.

Rupturas genéricas

En la literatura contemporánea encontrarás muchas veces un poema inserto en una novela o en una obra de teatro, encontrarás también poemas en los que se utilizan términos propios de la música, poemas “visuales” que son una mezcla de literatura y arte, textos en prosa que contienen fragmentos cuyo lenguaje es más bien poético, etc. Esto porque la visión tradicional de la literatura establecía la división categórica entre las diferentes disciplinas artísticas y, dentro de la literatura, la separación entre los distintos géneros que la componen. Frente a esta visión delimitadora, la literatura contemporánea se manifestará en contra y su respuesta será mezclar los géneros, utilizar indistintamente sus recursos, como una forma de romper la visión clasificadora de la literatura y obtener más libertad en su proceso creativo.

sábado 16 de junio de 2007

¿Cómo escribir un ensayo?

Contenido
Acerca del Ensayo
Características del Ensayo
Reglas previas para escribir un Ensayo
Cómo escribir un Ensayo
El pensamiento crítico universitario
Escritores Ensayistas

Acerca del Ensayo
El ensayo es un género relativamente moderno; pueden rastrearse sus orígenes desde épocas remotas. Sólo en la edad contemporánea ha llegado a alcanzar, una posición central. Es muy probable que en su desarrollo y hegemonía, haya tenido gran influencia el pensamiento liberal y el periodismo. En la actualidad está definido como género literario, pero en realidad, el ensayo se reduce a una serie de divagaciones, la mayoría de las veces de aspecto crítico, en las cuales el autor expresa sus reflexiones acerca de un tema determinado, o incluso, sin tema alguno.Lo que deslinda el ensayo de otros géneros literarios es un rasgo propio: lo sugiere la palabra misma, la palabra ensayo proviene del latín tardío: exagium, es decir, el acto de pesar algo. Está, además, relacionado con el "ensaye" prueba o examen de la calidad y bondad de los metales. Ensayar, es pesar, probar, reconocer y examinar. Por lo tanto, el ensayo es un escrito generalmente breve, sobre temas muy diversos. No lo define el objeto sobre el cual se escribe sino la actitud del escritor ante el mismo; en el fondo, podría ser una hipótesis, una idea que se ensaya. El ensayo es un producto de largas meditaciones y reflexiones, lo esencial es su sentido de exploración, su audacia y originalidad, es efecto de la aventura del pensamiento.Un ensayo es un escrito en prosa, generalmente breve, que expone con hondura, madurez y sensibilidad, una interpretación personal sobre cualquier tema, sea filosófico, científico, histórico, literario, etc.En la manera con que se expone y enjuicia un tema colinda con el trabajo científico, con la didáctica y la crítica. No sigue un orden riguroso y sistemático de exposición. El punto de vista que asume el autor al tratar el tema adquiere primacía en el ensayo. La nota individual, los sentimientos del autor, gustos o aversiones es lo que lo caracteriza, acercándose a la poesía lírica. Lo que los separa es el lenguaje, más conceptual y expositivo en el ensayo; más intuitivo y lírico en la poesía.

Características del Ensayo
Sus características son:
estructura libre
de forma sintética y de extensión relativamente breve
variedad temática
estilo cuidadoso y elegante
tono variado, que corresponde a la manera particular conque el autor ve e interpreta al mundo.
El tono puede ser profundo, poético didáctico, satírico, etc., la amenidad en la exposición, que sobresale sobre el rigor sistemático de ésta.Se clasifica en: Uno de carácter personal, en el que el escritor habla sobre sí mismo y de sus opiniones sobre hechos dentro de un estilo ligero y natural. Otro, más ambicioso o extenso, de carácter formal o que se aproxima más al trabajo científico, aunque siempre interesa el punto de vista del autor.El verdadero ensayista debe poseer un perfecto dominio de la materia y buena dosis de cultura general para desarrollar un tema artísticamente a la manera de un motivo musical que se desenvuelve a través de ricas y variadas relaciones tonales. El ensayo es también una especie de divulgación y un juego brillante por el mundo de las ideas.

Tipos de Ensayos
Ensayo literario: El término "ensayo" aplicado a un género literario fue escogido por el escritor francés Miguel de Montaigne (1533-1592) para denominar sus libros: Essais. Algunas de las condiciones que debe satisfacer el ensayo literario es la variedad y libertad temática. El tema literario corresponde más a un problema de forma que de fondo. Los ensayos de Montaigne establecieron la autonomía del género, parten en muchos casos de citas, de lecturas y de obras literarias, pero hay en ellos muchos otros temas motivados por la observación de las costumbres, el trato humano y la experiencia vital.
El ensayo literario se puede definir a partir de las ideas en juego que abarcan diversas disciplinas como la moral, la ciencia, la filosofía, la historia y la política, las cuales crean un misceláneo dinámico y libre. En el ensayo, el autor plasma sus impresiones y reflexiones acerca de la vida; es y debe ser personal, subjetivo: una visión particular del escritor.El ensayo por definición, es un concepto incitante que invita a transgredir las normas estéticas y morales. Los periodistas argumentan que todos los días se ensaya a manera de nota informativa sobre la realidad. El ensayo es un producto crítico por excelencia.Por otra parte, los filósofos defienden el ensayo como una forma de expresión real de las manifestaciones filosóficas, llámese tratado, discurso o réplica. Por tanto, el ensayo no puede ser definido en un solo concepto, las diferentes disciplinas lo adecuan a sus necesidades, y se valen de artilugios para defender su género.
Ensayo científico: Una de las fronteras entre ciencia y poesía está en el ensayo. Se le ha llamado género "literario-científico" porque parte del razonamiento científico y de la imaginación artística. La creación científica arraiga, como la poética, en la capacidad imaginativa, ésta no se puede ignorar totalmente; sin embargo no se aparta de la naturaleza o de la lógica. El ensayo comparte con la ciencia uno de sus propósitos esenciales: explorar más a fondo la realidad, aproximarse a la "verdad" de las cosas. Comparte con el arte la originalidad, la intensidad y la belleza expresiva.En el ensayo no hay en realidad un estilo definido, sino muchos según el carácter del autor. Pero sí existe una condición esencial que todos debemos cumplir: la claridad de expresión, esta transparencia que puede dar al lector una mayor comprensión de la autenticidad del pensamiento plasmado por el ensayista. Reglas previas para escribir un ensayo
Ensayar significa comprobar, por medio de este género el autor comprueba lo que piensa y lo manifiesta de manera informal, a modo de una conversación escrita entre él y el lector, con la complicidad de la pluma y el papel.
El ensayo es una construcción abierta, se caracteriza porque se apoya en el punto de vista de quien escribe; implica la responsabilidad de exponer las propias ideas y opiniones y respaldarlas con el compromiso de la firma personal.
Es un género subjetivo, incluso puede ser parcial; por lo general, el propósito del autor será el de persuadir al lector.
Es una forma libre, se rebela contra todas las reglas, en él caben las dudas, los comentarios e incluso las anécdotas y experiencias de quien lo elabora.
En el ensayo el autor no se propone agotar el tema que trata, sino exponer su pensamiento; es una reflexión.
El autor escribe de algo tan familiar para él que es ya parte suya.
Todas estas alternativas engloba el ensayo, pero además el ensayo te exige rigor.
Elección del tema Si tu profesor te solicita que escribas un trabajo sobre los valores éticos y la impartición de justicia, te está pidiendo que realices una investigación sobre este tema porque es muy probable que no estés familiarizado con los contenidos del Derecho, pero si te solicita que escribas sobre los niños payasitos que actúan en las calles de nuestras ciudades, frente a los automóviles durante los altos, entonces es muy probable que te esté solicitando que escribas un ensayo; porque desgraciadamente, como latinoamericanos, estamos muy familiarizados con estas experiencias.
El ensayo requiere de tu propia experiencia.
Al escribir sobre los niños payasitos, seguramente podrás exponer tu propia opinión sobre estos niños, tendrás la libertad de escribir a favor o en contra, expresando que son las víctimas de una sociedad y de un Estado injustos o podrás decir que se arriesgan a cientos de peligros en un cometido poco digno con tal de no trabajar. Quizá quieras narrar alguna anécdota sucedida mientras representaban su breve acto; incluso podrás exponer tus sentimientos y escribir que no comprendes por qué, pero al verlos se te hace un nudo en la garganta y, sin embargo, no sabes en qué forma puedes ayudar a resolver los problemas de los derechos más inminentes del ser humano en nuestro país.
Todas estas alternativas caben en el ensayo, pero además el ensayo te exige rigor.

El rigor en el Ensayo
1. Escribir bien.
2. Sustentar la validez de tu opinión:
 Confrontar tu texto con otros textos sobre el mismo tema.
 Aportar un análisis que requiere de la fundamentación de una hipótesis central.
3. Sea cual fuera tu opinión, por ejemplo, los niños de las calles, tendrás que explicar las causas que motivaron la aparición de estos niños en las calles.
 Por lo tanto, tendrás que realizar una investigación, de recopilación de datos y de conjunción de opiniones.

Como escribir un ensayo
Tú puedes escribir un ensayo sobre cualquier tema y disciplina siempre y cuando cumplas con los criterios que requiere.
Para elaborar correctamente tu trabajo escrito utiliza la mayoría de tus habilidades de razonamiento. Aplica las estrategias del pensamiento crítico toma en cuenta que el proceso de pensar no es lineal, a veces podrás sentirte confundido, pero hazte preguntas que te guíen para elaborar correctamente un trabajo escrito, aunque este proceso no se evidencie en el producto final.
En otras palabras, para escribir un ensayo tendrás que responderte a ti mismo algunas preguntas relacionadas con el pensamiento crítico, estas preguntas no aparecerán en el ensayo, pero es posible que sí aparezcan varias de tus respuestas.

El PENSAMIENTO CRÍTICO
En la educación universitaria es absolutamente necesario utilizar el pensamiento crítico.
Al escribir un ensayo, deberás plantearlo desde el pensamiento crítico, a continuación se presentan algunas estrategias que te apoyarán.
Utilízalas como guía y no como un patrón inflexible, emplea las que te ayuden a lograr tu propio objetivo de trabajo, te apoyarán para aclarar tus propias metas y desarrollarán tus habilidades de razonamiento, que correspondan al pensamiento crítico.
Evalúa ( Estimar el valor de una cosa)
1. Establece el uso, la meta, el modelo desde donde te puedas apoyar para juzgar el valor de la cosa.
2. Realiza juicios de valor. (Discernimientos sobre la cosa).
3. Elabora una lista de las razones en las que bases tus juicios.
4. Especifica ejemplos, evidencias, contrastes, detalles que apoyen tus juicios, clarifica tus razonamientos.

Discute o dialoga (Dar pros y contras sobre las aseveraciones, cotizaciones, políticas, etc.)
1. Elabora una lista con los principios que debas comparar y contrastar.
2. Juzga las similitudes y las diferencias de cada uno.
3. Aporta detalles, ejemplos, etc. que apoyen y aclaren tus juicios.
4. Considera sobre todo las similitudes o las diferencias.
5. Define la importancia de las similitudes y las diferencias en relación con la finalidad de los principios que compares.

Analiza (Dividir en partes)
1. Divide el objetivo de la cosa (ensayo, proceso, procedimiento, objeto, etc.) entre sus partes principales.
2. Escribe y relaciona estas secciones con las que tú debas de realizar: describir, explicar, etc.

Crítica (Juzgar los aspectos buenos y malos de una cosa)
1. Elabora una lista con los aspectos buenos y malos.
2. Desarrolla detalles, ejemplos, contrastes, etc. que apoyen los juicios.
3. Considera sobre todo los juicios de calidad.

Explica (Demostrar las causas o las razones de una cosa)
1. En la ciencias, por lo general, se señalan cuidadosamente los pasos que llevan a que algo produzca algo (causa-efecto).
2. En las materias humanistas y en las ciencias sociales, se elabora una lista de los factores que influyen en el desarrollo de la evidencia y la influencia potencial de cada factor.

Describe (Dar las característica principales de una cosa)
1. Elige los aspectos que más destacan o son los más importantes de la cosa.
2. Desarrolla detalles, aclaraciones que ilustren y ofrezcan un retrato claro de la cosa.

Argumenta (Dar razones sobre la toma de una posición contra otra, en cuanto a una cosa)
1. Elabora una lista de las razones para tomar una posición en cuanto a una cosa.
2. Elabora una lista de razones contra la posición opuesta.
3. Refuta las objeciones contra tus razones y defiende tus razones contra las objeciones.
4. Amplía tus razones, objeciones y respuestas con detalles, ejemplos, consecuencias, etc.
Demuestra (Mostrar algo)
Cómo muestres la cosa depende de la naturaleza de la materia o disciplina. Para mostrar algo debes suministrar evidencia, clarificar sus fundamentos lógicos, apelar a sus principios o a sus leyes y ofrecer extensas opiniones y ejemplos.

Escritores Ensayistas
Para adentrase en el mundo del Ensayo, se sugiere encuentres un buen ensayo como modelo y lo analices, es más fácil comprender los criterios en que se basa a través de un ejemplo que en forma abstracta. Te proponemos que leas, por ejemplo, un excelente ensayo muy breve, "Antología del pan", escrito por Salvador Novo, uno de los ensayistas más importantes de la literatura mexicana. Por su calidad este ensayo es literario. Uno de los mejores ensayistas mexicanos fue Octavio Paz, la mayoría de sus libros son ensayos, uno de los más conocidos es El laberinto de la soledad, el libro entero es un ensayo dividido en varios ensayos, cada uno de los capítulos son ensayos, como por ejemplo, "El pachuco y otros extremos". Notarás la magnífica prosa y la gran erudición de su autor, para escribir sobre los temas que trata utiliza su propia experiencia, cultura y seguramente investiga para respaldar su hipótesis central, que en el caso del ensayo es la opinión del autor, su punto de vista subjetivo, pero no por eso menos documentado.
Los ensayos, por lo general, son literarios debido a que su principal objetivo es que el autor exprese su opinión sobre un determinado tema, y las otras disciplinas, incluso en las de ciencias sociales, como la Historia, se exigen objetividad, es decir, que la hipótesis central se sustente con hechos y no con opiniones.